viernes, 11 de abril de 2014

El secreto de Dios

Adan y Eva, los primeros seres humanos con consciencia de un Dios Padre creador del universo, del cielo y de la tierra, vagaban como nómadas en un paraíso: el planeta Tierra sin civilizaciones humanas.
Dios les dejaba saber cosas, con mensajes sutiles como el color de las bayas y frutos que indicaban que una variedad era buena y una era venenosa. Y un día, quisieron saber más. No les bastaron las estrellas, ni las aves, ni los ríos ni los árboles. Comenzaron a cuestionarse si andar desnudos era prudente pues carecían de pieles protectoras como otros animales. Se dieron cuenta que los animales que comían fruta como ellos tenían los ojos a los lados, y ellos los tenían al frente, como los animales que comían otros animales. Pero sus bocas no eran de dientes afilados y feroces que crecían todo el tiempo. Y tras mucha observación se dieron cuenta que ellos eran los únicos animales que tenían manos tan finas y buenas, nada torpes, sin garras, con capacidad de recoger, coser, señalar, pintar, tallar, lanzar, atar y amar. Quisieron saber por qué. Pero no había nadie a quien preguntar. Excepto a Dios, lo cual hicieron en cuanto lo oyeron.
Debo remarcar que Dios en ese entonces era mas joven, se dejaba llevar por la ira y no pensaba antes de actuar. Hay que tratar de entenderlo.
Les dijo muchas cosas. Les dijo que ellos eran su creación especial, lo que dejó para el final, a quienes les puso un soplo de su alma e hizo a su imagen y semejanza. Les dijo que los amaba y que ellos debían amarlo también y mantenerlo satisfecho con alabanzas y ritos y cantos. y entonces dijo algo que cambió la historia. Dios dijo que su amor era infinito así como su poder, que mientras creciera su especie sabiendo y aceptando eso todos serían felices en ese paraíso.
Y así pasaron días, en el mundo perfecto, hasta que llegó la luz. (Nota: Lucifer = portador de luz)
Los humanos volvieron a cuestionar a Dios, con nuevas dudas al respecto de sus condiciones.
Que si cuando muriesen se pudrirían como los demás animales, que si su reproducción sería igual de dolorosa que la de los otros animales, que si la carne de otros animales también serviría para alimentarlos a ellos, en fin, muchas preguntas que Dios tuvo que responder de la manera mas dolorosa: abrirles los ojos a la realidad y que lo enfrentaran por ellos mismos.

Ese era el fruto prohibido. Querer saberlo todo. Cuestionar a la autoridad. Recrudecer la realidad.
Dios puso el conocimiento de la ciencia, el bien y el mal dentro de nosotros y en todo lo que nos rodea. Muchos dioses actuales aún tratan de evitar que se descubra. Y tienen algo de razón, pues el sabor es amargo y arruina el gusto de muchas cosas que te parecían buenas y dulces. Te hace sentir pequeño e idiota a pesar de haber sido más inteligente al haberlo descubierto en tus meditaciones. Te devuelve la inocencia y te la quita al mismo tiempo. A veces he deseado que Adan y Eva fueran tontos y conformistas, y todos habríamos sido tan felices...

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