jueves, 2 de agosto de 2018

El clóset

Es el lugar donde guardas cosas. Normalmente se distingue de cualquier bodega porque lo usas todos los días, varias veces al día. Hay cosas que usas constantemente, y cosas que se van arrinconando hasta que olvidas que las tienes, y cuando las vuelves a ver tu mismo te sorprendes, al no recordar lo que tenías, y lo ves con otros ojos, le das otro uso.

A veces también se guardan ahí otras prendas, unas que no deberían estar guardadas. Decimos que estamos en el clóset cuando no aceptamos un aspecto de nuestra vida emocional. Pero yo tengo muchas, muchas más cosas en el mío. Tengo ansiedad, tengo miedo, tengo rechazo. Tengo cadenas que me cortan los pocos impulsos que he querido seguir. Es un clóset muy grande y a la vez muy vacío. Guarda conceptos e ideas, cosas que no son reales, que pesan toneladas. Guarda a una persona a la que yo todavía no reconozco ni acepto por completo. Cada día al alistarme tengo que dejar ahí pedazos de mi que instintivamente pienso que no pueden y no deben acompañarme al mundo de afuera. Es un concepto extraño, porque me ven y por una parte estoy incompleta, y por otro lado vengo arrastrando una caja enorme de cosas que yo creo que no se ven. Y en apariencia esa soy yo, y en apariencia estoy muy bien sin esos pedazos, y en apariencia esos pedazos no son necesarios para sobrevivir y ser un buen adulto.

Hay una prenda que no encuentro por ningún lado y me es muy necesaria, y sin ella me siento desnuda y vulnerable. En ese clóset no hay confianza de mi talla, ni de ninguna que haya usado antes. No está en ninguna tienda, y nadie me la puede fabricar. Se siente como el traje del emperador. Tengo que aparentar que la tengo, cuando en verdad estoy desnuda y si me ponen mínima atención se dan cuenta.

Es un lugar traicionero ese clóset. Te da comodidades baratas, superficiales, para que te quedes el mayor tiempo que puedas, para que nunca te quieras salir. Porque, ¿Para que salir? Afuera es peligroso y la gente es horrible y todo es más difícil y no hay ni siquiera un trago de agua para sobrevivir. Y aún así hay gente que clama que salir del clóset es libertad, y que es la mejor sensación.

Supongo que tengo que encontrar todas las prendas básicas antes de pensar en abrir la puerta, y para eso hay que buscar y buscar y prepararse para encontrar todo lo que no sabía que tenía guardado ahí. Así es el proceso, supongo.

Saludos y libertad, A.

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