brotan, por igual se apagan;
surgen con cualquier motivo,
si son buenas yo las digo,
si son malas las escribo.
Letras desconfiguradas
que forman frases deshechas,
en desorden las escucho,
muy dentro su canto suena;
mas el que mira de afuera
a mi rostro tan sereno
imaginarse le cuesta
que yo cargo un pasajero
que vive dentro del cráneo
y me dicta sus ideas.
Hasta mi lengua se traba
de tanto que las reprimo,
de ganas muero que un día
me escuchen decirlas todas,
seguidas y de corrido,
que más de alguno se asombra.
Busco una excusa, un pretexto,
para escribir un poema.
Acabo de darme cuenta
de que no la necesito,
solo basta de un ratito,
un bolígrafo, unas letras,
un café y la luna puesta:
hasta se escribe solito.

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